martes, 10 de noviembre de 2009

La dialéctica en la teoría del conocimiento de Platón



Platón llama dialéctica a dos procesos, un proceso ascendente a de síntesis (vamos eliminando la multiplicidad y explicándola con definiciones que funcionan como principios hasta llegar al primero o idea del bien) y otro proceso de análisis o descendente (a través de la teoría de las ideas y de la idea del bien, vamos derivando es resto del sistema). Se trata, pues, de dos procesos de conocimiento.

Platón atribuyo, a veces, a la dialéctica un sentido más fuerte: se refirió a ella como el supremo grado de conocimiento de la idea de bien. Seria un conocimiento de un nivel superior al de la ciencia. Como esta idea es real y su conocimiento nos situaría en su presencia, la dialéctica, en este sentido, se ubicaría no en el terreno cognoscitivo (del conocimiento) sino en el ontológico (de lo real).

Un principio geométrico como el teorema de Pitágoras puedo considerarlo como hipótesis (algo que «se supone» porque no se demuestra en ese momento) para poder demostrar consecuencias concretas. Pero también lo puedo considerar una tesis demostrada que me sirva, como los peldaños de una escalera, para demostrar otras tesis o principios superiores hasta elevarnos a la idea de bien. En este último caso, dejamos de lado las hipótesis y «nos encaminamos hacia el principio interno», ayudado de las «artes auxiliares» (geometría, astronomía…)
Platón perfeccionó el método de su maestro conservando la forma de contraponer las ideas. Para Platón el elemento inicial del diálogo que el alma sostenía consigo misma, es la IDEA INTUITIVA que se va esclareciendo a través del proceso crítico que la razón sigue en su discurrir. Este discurrir se realiza anteponiendo a cada idea (tesis) otra que la contradice (antítesis) hasta lograr su depuración. La existencia de la idea intuitiva la explica Platón mediante el mito de la caverna (Platón, La República, libro séptimo).

Luego la dialéctica tienen dos partes: la intuición de la idea, y el esclarecimiento de dicha idea. Platón supone que el alma, antes de estar encerrada en el cuerpo, habitó en el Topos Uranos, un mundo de perfección, donde conoció a las ideas, es decir las esencias y modelos de todas las cosas. Al encarnar, olvido todo lo que vio. Cuando el hombre busca la verdad tiene que recordar algo de lo que vio en el Topos Uranos, este recuerdo es el elemento intuitivo inicial que tiene que esclarecer mediante el método discursivo. Este esclarecimiento nunca es absoluto y por ello el entendimiento humano nunca puede lograr el conocimiento absoluto.

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